En un entorno empresarial en constante evolución, los valores intangibles se han coronado como pilares de competitividad y rentabilidad. Tradicionalmente, la contabilidad y las finanzas se centraban en bienes tangibles como edificios, maquinaria o inventarios. Sin embargo, hoy en día, las marcas y patentes emergen como elementos capaces de generar un impacto significativo en los resultados de una compañía.
Según estudios recientes, los activos intangibles representan más del 80 % del valor de mercado de las empresas que integran el S&P 500. Esta tendencia ha ido en aumento durante las últimas tres décadas, superando con creces la relevancia del capital físico.
Este artículo profundiza en el concepto de capital intangible, detalla sus ventajas y explica cómo aprovechar beneficios fiscales y contables, especialmente en el contexto mexicano. Prepárate para descubrir estrategias innovadoras que transformarán tu forma de invertir.
Las marcas y patentes forman parte de las llamadas propiedades intelectuales. Una marca es cualquier signo que distingue productos o servicios de una empresa frente a la competencia. Puede ser un nombre comercial, un logo o incluso un eslogan. Por su parte, una patente protege invenciones, procesos o diseños innovadores, otorgando al titular el derecho exclusivo de explotación durante un período determinado.
Los activos intangibles se caracterizan por su ausencia de sustancia física, pero esto no impide que generen valor, merezcan registro legal y sirvan como garantía ante terceros. A diferencia de un local o una máquina, una marca o patente puede utilizarse en múltiples proyectos sin sufrir desgaste.
Además, podemos distinguir activos con vida definida —como una patente con caducidad de 20 años— de aquellos de vida indefinida, como la reputación de marca o la lealtad de clientes. Los adquiridos suelen capitalizarse en el balance, mientras que los generados internamente requieren criterios de costos capitalizables estrictos.
Esta flexibilidad convierte a las marcas y patentes en activos estratégicos dentro del catálogo financiero de cualquier organización y cimenta su papel en la innovación.
La inversión en marcas y patentes presenta ventajas muy atractivas respecto a los activos físicos. En primer lugar, la escalabilidad única permite replicar un mismo activo en diversos mercados o líneas de producto sin incurrir en costos proporcionales.
En segundo lugar, la apropiabilidad de beneficios está asegurada por marcos legales que impiden la competencia desleal. Las regalías y contratos de licencia se traducen en flujos de efectivo recurrentes y previsibles, mejorando la estabilidad financiera de la empresa.
Adicionalmente, estas inversiones no se deprecian como la infraestructura física. En su lugar, se amortizan a través de un método lineal si tienen vida definida o se someten a pruebas anuales de deterioro si su vigencia es indefinida, alineando su valor con el ciclo de innovación.
Estudios señalan que las empresas con altos niveles de capital intangible incrementan su productividad hasta en 20 % y obtienen mejores márgenes de utilidad. El caso de McRonald’s, con una patente valorada en 25 millones de dólares y una marca en 1 millón, ilustra cómo estos activos generan retornos estimados de 600 000 dólares anuales en amortizaciones deducibles.
México reconoce a los activos intangibles dentro de las inversiones deducibles bajo la Ley del Impuesto sobre la Renta (Art. 32). Esto significa que las empresas pueden disminuir su carga tributaria al amortizar o depreciar estos bienes, siempre que cumplan con los requisitos de registro y valuación.
El registro ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) es un paso clave para formalizar la titularidad de marcas y patentes. Una vez inscritos, las empresas pueden registrar su valor en el balance y aplicar las deducciones fiscales correspondientes.
Por ejemplo, al valorar una marca en 550 000 pesos y registrarla como aumento de capital social por 500 000 pesos, la compañía mejora sus indicadores de solvencia y mantiene la liquidez operativa intacta.
Estas ventajas fiscales mexicanas permiten dedicar más recursos a proyectos de innovación y expansión, impulsando el desarrollo sostenible.
La correcta valorización de marcas y patentes es esencial para mostrar un reflejo fiel del patrimonio. Existen dos métodos predominantes: capitalizar el costo de adquisición y valorar al valor razonable de mercado.
En el primer caso, se registran los gastos incurridos para obtener el activo, incluidos honorarios legales y de registro. En el segundo, se determina el precio que pagaría un tercero en una transacción ordenada, restando el valor de los activos tangibles adquiridos.
Los activos con vida definida, como patentes con vigencia de 20 años, se amortizan de forma lineal. Para los de vida indefinida, como marcas icónicas, se realizan pruebas de deterioro anuales para comparar el valor en libros con el valor recuperable.
El desafío más significativo surge con los intangibles generados internamente, pues requieren demostrar costos directamente atribuibles y evidenciar la probabilidad de beneficios futuros.
Registrar estos valores de forma precisa genera un valor real de mercado que fortalece la credibilidad ante inversores y entidades financieras.
Aunque las posibilidades son enormes, la inversión en marcas y patentes conlleva riesgos que deben gestionarse cuidadosamente. La valoración interna puede ser compleja, requiriendo expertos en propiedad intelectual y valoración de activos.
Los litigios por infracción o disputas de propiedad pueden generar costos elevados y afectar el flujo de caja. Asimismo, la rápida evolución tecnológica o cambios en la preferencia del consumidor pueden reducir el valor de un activo.
Además, considerar pólizas de seguros para propiedad intelectual y establecer cláusulas de confidencialidad con empleados y socios protege el valor construido.
Hoy más que nunca, las empresas exitosas reconocen el poder transformador de las marcas y patentes. Integrar estos activos estratégicos de largo plazo en tu estructura financiera no solo fortalecerá tu situación fiscal y contable, sino que también te dará una ventaja competitiva sostenible.
Invertir en capital intangible es abrazar la innovación como motor de crecimiento. Desde beneficios fiscales hasta flujos recurrentes de regalías, las oportunidades son tan diversas como el mercado mismo. ¡Da el paso, valora tus ideas y convierte tu conocimiento en un activo tangible de alto impacto!
Referencias