En un mundo donde 1.300 millones de personas sin cuenta bancaria siguen al margen del sistema financiero, las criptomonedas ofrecen soluciones tangibles. Este artículo explora cómo las tecnologías cripto y fintech han transformado la inclusión en Latinoamérica y qué tendencias definirán 2026.
La región partía de un 50% de adultos con acceso bancario en 2017; hoy alcanza cerca del 70%. Sin embargo, persisten brechas profundas en zonas rurales y comunidades vulnerables. Factores como la falta de infraestructura, altos costos de transacción y procesos burocráticos complejos mantienen a millones fuera del sistema.
Muchas de estas personas dependen de intermediarios informales o sistemas de dinero en efectivo, exponiéndose a riesgos de seguridad y pérdida. Para cambiar este panorama, han surgido fintech locales y proyectos comunitarios que emplean soluciones digitales adaptadas a contextos de baja conectividad.
En 2023, Latinoamérica contaba con 3.069 empresas fintech en 26 países, un crecimiento superior al 340% desde 2017. Estas firmas destacan en pagos y remesas (21%), préstamos (19%) y gestión financiera empresarial (13%), convirtiéndose en motores clave de inclusión.
Las stablecoins, criptomonedas vinculadas a activos estables como el dólar, se han convertido en herramientas esenciales. Ofrecen pagos instantáneos y de bajo costo, permitiendo que quien carece de cuenta bancaria reciba y envíe valor con solo un teléfono móvil y conexión básica.
La capitalización de mercado global de stablecoins superó más de 300 mil millones de dólares en 2025, impulsada por normativas como la Ley GENIUS en Estados Unidos. Este entorno regulatorio brinda confianza a inversores e instituciones tradicionales.
En Latinoamérica, iniciativas como Bitcoin Beach en El Salvador y alianzas entre emisores de stablecoins, Visa y Mastercard, han facilitado:
Estos proyectos demuestran cómo la convergencia entre cripto y fintech puede derribar barreras históricas, ofreciendo a pequeños comercios y trabajadores migrantes un acceso sencillo y seguro.
La maduración del ecosistema cripto está estrechamente ligada a regulaciones claras y coherentes. En la Unión Europea, MiCA ya armoniza normativas; en EE.UU., la Ley GENIUS promueve estándares de transparencia. Estos marcos fomentan la adopción por bancos, fintech y gobiernos.
Por otra parte, las instituciones financieras tradicionales comienzan a explorar la integración de DeFi y finanzas tradicionales. Proyectos piloto de tokenización de activos y custodia digital han proliferado, reduciendo costos y tiempos de liquidación.
Además, tecnologías como IA y blockchain se combinan para ofrecer análisis de riesgo personalizados, detección de fraudes en tiempo real y educación financiera adaptada al perfil de cada usuario no bancarizado.
Aunque las perspectivas son alentadoras, quedan obstáculos por superar. La volatilidad de altcoins exige que los usuarios adopten stablecoins o soluciones híbridas; la educación financiera digital es esencial para evitar fraudes y malas prácticas.
El cumplimiento regulatorio, especialmente en materia de prevención de lavado de dinero (KYC/AML), representa un reto para emisores de stablecoins y plataformas DeFi. Se requiere colaboración público-privada para diseñar protocolos que garanticen seguridad sin sacrificar accesibilidad.
Por otro lado, la desigualdad de acceso a internet y a dispositivos inteligentes limita el impacto en zonas remotas. Sin embargo, proyectos de conectividad comunitaria y esfuerzos de gobiernos locales apuntan a cerrar esta brecha en los próximos años.
La evolución de las criptomonedas ha dejado de ser solo un fenómeno especulativo. Hoy, representan una vía para que millones accedan a servicios financieros de manera justa y accesible. La combinación de stablecoins, DeFi, regulación y tecnologías emergentes apunta a una inclusión sostenible.
Para las comunidades no bancarizadas, el futuro será más prometedor si se consolidan alianzas entre fintech, gobiernos y organizaciones sin fines de lucro. Solo así se garantizará que la innovación cripto llegue a quienes más la necesitan.
En definitiva, las criptomonedas tienen el potencial de convertirse en el puente definitivo que conecte a los no bancarizados con el sistema financiero formal, transformando vidas y economías regionales.
Referencias