En un mundo donde la volatilidad y la incertidumbre financiera dominan las decisiones corporativas, medir la rentabilidad sin considerar el riesgo puede conducir a errores costosos. Cada vez más, los líderes buscan herramientas avanzadas para ver más allá del simple retorno contable y entender la verdadera creación de valor.
El ROIC ajustado al riesgo ofrece esa mirada profunda, integrando pérdidas y capital económico para revelar una foto más fiel del desempeño. Conocerlo no solo mejora la gobernanza interna, sino que impulsa una cultura de responsabilidad y visión estratégica.
El enfoque tradicional de ROIC (Return on Invested Capital) calcula la rentabilidad como NOPAT dividido por capital invertido, pero carece de un ajuste explícito por riesgo. Cuando las empresas ignoran la posibilidad de pérdidas esperadas e inesperadas, asignan recursos de manera subóptima y exponen el negocio a crisis de liquidez o solvencia.
Las versiones ajustadas, como RAROC y RORAC, incorporan el capital económico necesario para cubrir riesgos de mercado, crédito y operativo. Esto permite evaluar con precisión la rentabilidad real de productos y carteras, priorizar iniciativas y fomentar un crecimiento sostenible.
Entender las ecuaciones básicas es el primer paso para implementar estas métricas en tu organización. A continuación, se resumen los cálculos esenciales:
El capital económico se calcula a través de medidas de riesgo como VaR y CVaR, garantizando reservas para escenarios extremos. De este modo, se logra optimizar la asignación de capital y mitigar exposiciones que comprometan la salud financiera.
Incorporar estas métricas en la toma de decisiones transforma la gestión de capital y eleva la disciplina operativa. Entre sus usos más relevantes:
Al adoptar esta visión, se fomenta una gestión integral del riesgo financiero y se alinean los incentivos de la alta dirección con la preservación de capital.
Para seleccionar la métrica adecuada, conviene entender sus diferencias conceptuales:
Considera una entidad bancaria que evalúa dos líneas de crédito: una corporativa con PD baja y otra de consumo con PD alta. Aplicando RAROC, la primera arroja un 18% tras descontar pérdidas esperadas, mientras que la segunda apenas llega al 8%, pese a similar volumen prestado.
Otro caso ilustra el ROIIC: una empresa reinvierte 80 M€ en un proyecto con retorno del 18%. Al cabo del año, el beneficio sube de 80 M€ a 94,4 M€, confirmando que la tasa incremental supera con creces el costo de capital.
En el ámbito corporativo, un ROIC estándar de 11,67% frente a un WACC de 9% revela capital económico para contingencias suficiente y crea valor tangible.
Aunque poderosas, estas métricas dependen de la calidad de los modelos de riesgo (VaR, CVaR) y de supuestos contables consistentes. Es crucial revisar:
En definitiva, el ROIC ajustado al riesgo eleva la gestión financiera a un nivel más estratégico. Su adopción no solo ofrece transparencia, sino también un impulso decidido hacia una cultura de valor sostenible y resiliencia ante incertidumbres.
Referencias