En un entorno en constante transformación, el mundo de private equity ofrece retornos superiores a quienes saben identificar sus oportunidades clandestinas. Más allá de los titulares sobre mega-deals, existe un terreno fértil en mid-market, small buyouts, secondaries y co-investments que merece explorarse con detenimiento.
Este artículo tiene como objetivo inspirar y equipar a inversores y asesores con una visión integral del mercado de private equity durante 2024-2026, destacando tendencias, datos precisos y consejos prácticos para aprovechar el valor oculto en oportunidades emergentes.
El private equity ha cobrado fuerza como actor clave en la actividad global de M&A. En las Américas, PE representó 22% del total en 2024, alcanzando $398 000 M, frente a $865 000 M (28%) en 2021. En EMEA el porcentaje fue de 29% ($243 000 M vs. $483 000 M en 2021), y en APAC el 16% ($126 000 M vs. $279 000 M)[2]. Estas cifras reflejan un mercado dinámico, apoyado por ejecutivos que anticipan un aumento en el volumen y valor de deals durante 2026.
Estados Unidos consolidó su liderazgo completando más de 130 transacciones superiores a $1 000 M en 2025 (+30% interanual), con un valor agregado de deals PE de $1.2 T, el mejor desde 2021[1]. En el primer semestre de 2025, los exits mayores alcanzaron 215 operaciones por $308 000 M, impulsados en gran medida por ventas estratégicas que duplicaron el valor del año anterior[2].
La geografía marca diferencias: Norteamérica y Europa dominan el escenario, mientras que APAC muestra un comportamiento mixto, con China a la baja. El private equity también se ha vuelto más doméstico: el porcentaje de cross-border cayó de 36% a 24% en 2025[4].
Uno de los atractivos más potentes de esta clase de activo es la capacidad de generar ganancias de valoración al exit aproximadamente el doble en small buyouts y lower mid-market frente a los grandes fondos[9]. La reducción del coste de financiación en segmentos intermedios (caída de 3 puntos porcentuales desde el pico) y las perspectivas de recortes en las tasas de interés de la Fed refuerzan esta ventaja.
Además, el private equity aporta una diversificación efectiva del riesgo. Un 86% de asesores planean incrementar su asignación a inversiones privadas (actualmente 1-20% del portafolio: PE 19%, real estate 18%, crédito 16%)[7].
Comparado con los mercados públicos, el PE exhibe mayor resiliencia durante ciclos económicos adversos. La recuperación en “K” ha favorecido a compañías de mid-market bien gestionadas, que cuentan con varios años por delante para completar exits saludables y distribuciones significativas[5]. Actualmente, los fondos privados gestionan $28 T en activos en EE.UU. (crecimiento del 34% entre 2020 y 2023), distribuidos en casi 100 000 fondos, un incremento de 60%[2].
Para quienes buscan oportunidades de alto potencial fuera de las transacciones gigantes, el mid-market y los small buyouts son un terreno fértil. El ratio inversión/exit en deals de $250-500 M creció 10%, pese a que los deals cayeron 29% y los exits 36%[9]. Esto refleja una demanda reprimida de activos que corporativos consideran non-core.
Otras vías de acceso al valor oculto incluyen:
El avance de la inteligencia artificial impulsa nuevos casos de uso desde infraestructuras de datos hasta optimización de procesos en entornos corporativos, mientras que el private debt en activos bancarios tiene un mercado que pasará de $6 T a $9.2 T para 2029 (+50%)[6].
No todo es bonanza. El mercado acumula un backlog de más de 30 000 compañías adquiridas desde 2020, con un inventario equivalente a 8.5-9 años de exits al ritmo actual[2]. Esta sobrecarga de activos genera presión sobre la liquidez y prolonga los plazos de monetización.
El dry powder cayó de $1.3 T en diciembre de 2024 a $880 000 M en septiembre de 2025, lo que añade urgencia al despliegue de capital antes de alcanzar nuevos picos de fundraising[12]. A esto se suman riesgos macroeconómicos: inflación persistente, tasas de interés elevadas que afectan a empresas con alto apalancamiento, y tensiones geopolíticas que frenan las operaciones cross-border[4][9].
Para inversionistas y asesores, detectar y capitalizar estas oportunidades requiere un enfoque estratégico y disciplinado. Algunas recomendaciones prácticas:
La clave está en seleccionar fondos y GPs que hayan demostrado capacidad de ejecución en ciclos difíciles y adopción temprana de tecnologías emergentes.
Hacia 2026, el private equity seguirá ofreciendo alpha oculto a quienes sean selectivos y sepan navegar un entorno complejo. Las megatendencias en AI, energías renovables e infraestructura digital coexisten con oportunidades en mid-market, secondaries y private debt, creando un panorama diverso y altamente rentable.
Aquellos que combinen análisis riguroso, redes de colaboración con GPs de calidad y una visión a largo plazo estarán mejor posicionados para desenterrar ese valor escondido y generar retornos superiores incluso en momentos de incertidumbre global.
Referencias