América Latina se encuentra en una encrucijada histórica. Aunque las inversiones crecen de forma sostenida, persiste una brecha entre el impulso financiero y el acceso real a servicios básicos. Este desequilibrio afecta a millones de personas que, pese a vivir en un mundo hiperconectado, aún enfrentan limitaciones en conectividad digital, energía confiable y recursos esenciales.
En este artículo exploramos cómo una estrategia integral y coordinada puede transformar esta realidad, convirtiendo cada proyecto de infraestructura en un verdadero motor de cambio social y económico.
La región ha recibido un promedio de 280.000 millones de dólares en inversión extranjera directa anual, el doble que dos décadas atrás. Sin embargo, uno de cada cuatro latinoamericanos sigue sin acceso adecuado a internet de alta velocidad o a servicios energéticos confiables. Esta disparidad se manifiesta con mayor crudeza en zonas rurales, donde la cobertura FTTH apenas alcanza el 67% de los hogares y solo se proyecta crecer al 83% para 2028.
La pregunta que resuena es: ¿cómo podemos cerrar estas brechas de financiamiento y conectividad para garantizar un desarrollo más inclusivo? La respuesta radica en coordinar esfuerzos públicos, privados e internacionales bajo un mismo propósito: maximizar el impacto social de cada dólar invertido.
El despliegue de cables submarinos y redes de fibra óptica es fundamental para sostener el auge de los servicios digitales y prepararse ante desafíos de ciberseguridad. Entre los proyectos más destacados se encuentra el Proyecto Humboldt de Google en Chile, con una capacidad de 144 TB/s y costos estimados entre 300 y 550 millones de dólares. Operativo en 2026, conectará Chile con Argentina, Paraguay y Brasil, potenciando la resiliencia de la red regional.
Pese a estos avances, solo el 53% de los operadores de la región ha desplegado 5G o tecnología FWA, comparado con el 79% del promedio global. Factores como la asignación de espectro, los altos costos de implementación y las regulaciones desiguales frenan el ritmo de adopción.
Las iniciativas satelitales, como el Proyecto Kuiper de Amazon con una inversión de 10.000 millones de dólares, complementan la cobertura terrestre. Asimismo, la Unión Europea impulsa subvenciones para proyectos de satélite en Brasil y Colombia por un total de 22,5 millones de euros, movilizando inversiones privadas de 864 millones.
Las principales instituciones como el Banco Mundial y la CEPAL proyectan un PIB regional de alrededor de 2,3% para 2026. Un ritmo moderado que, aunque refleja estabilidad, resulta insuficiente para reducir con fuerza los niveles de pobreza y desigualdad.
Para impulsar esta transformación, la región debe elevar su inversión en infraestructura del 1,8% al 3,12% del PIB, agregando más de 61.000 millones de dólares anuales hasta 2025 y movilizando un total de 2,2 billones de dólares para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
La diversificación sectorial y la innovación en modelos de financiamiento abrirán nuevas puertas para inversores y gobiernos. Entre los sectores más prometedores destacan las bolsas de valores regionales, el mercado de data centers y el sector energético verde.
El hub de Scala Data Centers en Brasil, con un campus de 700 hectáreas y alianzas con Oracle y Nvidia, es un ejemplo de colaboración público-privada de alto impacto. Asimismo, Argentina fortalece su posición como nodo de conectividad con siete cables submarinos activos.
Diversos obstáculos amenazan el avance integral de la infraestructura en la región. Entre ellos:
El costo anual de los ciberataques podría superar los 90 millones de dólares para 2025, con más de 18,5 millones de incidentes al año. Implementar marcos sólidos como la LGPD en Brasil y la Estrategia Nacional de Ciberseguridad en México es fundamental para proteger activos y generar confianza en los inversores.
Invertir en infraestructura no es solo desplegar cables submarinos o construir carreteras; es sembrar oportunidades de desarrollo social, económico y ambiental. Cada proyecto, bien diseñado y ejecutado, es una semilla que puede transformar comunidades enteras y sentar cimientos duraderos para el progreso.
Gobiernos, empresas y organismos multilaterales deben unir esfuerzos para diseñar planes integrados que prioricen la inclusión de zonas rurales, fortalezcan la ciberseguridad y aceleren la transición verde. Solo así podremos materializar un futuro en el que la brecha digital sea un recuerdo y el crecimiento económico beneficie a todos los ciudadanos por igual.
La invitación es clara: apostar por la infraestructura como pilar estratégico y participar activamente en la construcción de un mañana más conectado, sostenible y justo para toda América Latina.
Referencias