Las monedas digitales de bancos centrales (CBDC) se han convertido en el centro de un debate global. En este artículo, analizamos sus orígenes, su panorama actual y las dudas sobre su impacto en el sistema financiero.
Una CBDC es la versión digital de la moneda oficial de un país, emitida y respaldada directamente por su banco central. A diferencia de las criptomonedas privadas, mantiene una paridad fija 1:1 con la moneda fiduciaria.
Su objetivo es ofrecer una alternativa segura al efectivo en un entorno completamente electrónico. Se distingue de los depósitos bancarios tradicionales porque el pasivo descansa sobre la institución central, no sobre un banco comercial.
Conceptos clave:
Más de 130 países exploran o desarrollan sus propias CBDC. Estos proyectos representan aproximadamente el 98 % del PIB mundial, lo que subraya la magnitud de la carrera digital monetaria.
Hasta la fecha, una treintena de naciones han avanzado hacia pilotos o lanzamientos formales.
Los grandes bancos centrales de economías avanzadas como la Reserva Federal, el BCE o el Banco de Inglaterra mantienen proyectos en fase de diseño, pendientes de aprobación legislativa.
En los últimos años, el impulso político ha girado hacia implementaciones mayoristas, reservadas a pagos interbancarios y liquidaciones de gran valor, reduciendo posibles efectos negativos sobre la intermediación bancaria.
En Estados Unidos, se han aparcado las CBDC minoristas y se promueve el desarrollo de stablecoins privadas reguladas. Frente a esto, organismos internacionales trabajan en marcos jurídicos y cooperación transfronteriza para asegurar interoperabilidad y seguridad.
El proyecto de euro digital, impulsado por el BCE, avanza en diseño y preparación sin decisión final de lanzamiento. Sus objetivos incluyen preservar el papel del euro en pagos digitales y reforzar la autonomía estratégica europea.
Iniciativas como mBridge, que reúne a bancos centrales de China, Hong Kong, Tailandia y Emiratos Árabes, experimentan con DLT para pagos transfronterizos en tiempo real.
Entre los argumentos a favor de las CBDC destacan:
En el lado de la defensa de la intermediación bancaria, se busca contener riesgos de inestabilidad asociados a criptos no reguladas y preservar la soberanía monetaria frente a proyectos globales de BigTech.
El impacto de una CBDC depende de su arquitectura y modelo de acceso:
Modelos minoristas permiten acceso directo de usuarios a carteras digitales en el banco central, lo que puede desintermediar bancos comerciales si no se imponen límites de saldo o tipos de interés moderados.
En cambio, un esquema mayorista o híbrido, con intermediarios privados, mitiga riesgos de fuga masiva de depósitos. La elección entre tecnología DLT y sistemas centralizados también influencia escalabilidad y privacidad.
Quienes defienden la CBDC como complemento resaltan que, bien diseñadas, coexistirían con depósitos y efectivo, ofreciendo nuevas herramientas de política monetaria y mayores facilidades de pago.
Por otro lado, un diseño excesivamente atractivo en remuneración y sin barreras de saldo alimentaría la tesis de la CBDC como amenaza para bancos comerciales, acelerando la desintermediación.
Al final, el verdadero impacto dependerá de decisiones de diseño, marcos regulatorios y aceptación social. La CBDC puede ser una herramienta poderosa para modernizar el sistema financiero o un factor desestabilizador si no se gestiona con prudencia.
El desafío para bancos centrales es balancear innovación y estabilidad. Diseñar CBDC que potencien la eficiencia sin erosionar la confianza en la banca comercial será clave.
La colaboración internacional, el diálogo entre reguladores y la transparencia con los ciudadanos determinarán si las monedas digitales de bancos centrales resultan una revolución inclusiva y segura o una amenaza para el orden financiero actual.
Referencias