En un mundo donde los mercados sufren de altibajos continuos, anticiparse a la volatilidad se convierte en una ventaja decisiva. Este artículo te guiará paso a paso para entender, gestionar y sacar partido a la incertidumbre financiera de 2024–2025.
Las previsiones para 2025 apuntan a un crecimiento global moderado y sensible, estimado en torno al 3,2 % según organismos internacionales. Este progreso, inferior a la tendencia previa a la pandemia, refleja un horizonte expuesto a shocks derivados de presiones comerciales y desequilibrios internos.
El informe de la OCDE y el FMI subraya una economía “al borde” de una desaceleración más profunda, marcada por la transición energética y tensiones comerciales. La persistencia de la inflación en algunos países y un proceso de normalización monetaria incompleto mantienen a los bancos centrales en guardia.
La reelección de Donald Trump en EE. UU. desató expectativas de políticas comerciales agresivas. Nuevos aranceles y la amenaza de guerra comercial aumentaron la incertidumbre en renta variable y tipos de interés a ambos lados del Atlántico.
Además, el escenario geopolítico se tensó por conflictos regionales y un significativo aumento del gasto en defensa. El índice de incertidumbre de política económica (EPU) registró subidas históricas desde finales de 2024, conectando directamente con la volatilidad financiera tras los anuncios de abril de 2025.
Entre el 2 y el 8 de abril de 2025, el VIX ascendió unos 30 puntos, un movimiento en el percentil 99,9 desde 1990. En el mismo lapso, el S&P 500 cayó alrededor de un 13 %, ilustrando la rapidez con que puede desatarse el pánico.
Otros episodios entre febrero y abril mostraron variaciones de 4–5 % en pocos días y cambios de 20–47 puntos básicos en el Treasury a 10 años, niveles igualmente inusuales.
Más allá de las causas coyunturales, la volatilidad prolongada responde a desequilibrios acumulados: altos niveles de deuda y valoraciones exigentes de activos, junto con una elevada dependencia de la liquidez de bancos centrales.
El desacoplamiento geopolítico y la transición energética añaden capas de incertidumbre, mientras los índices de EPU y volatilidad financiera muestran una desconexión temporal cuando los mercados suben, seguida de una fuerte reconexión en fases bajistas.
En renta variable, 2025 ha registrado bandazos diarios y mensuales que oscilan entre pánicos y rápidas recuperaciones. A pesar de ello, algunos índices globales mantienen rendimientos positivos selectivos, aunque sectores cíclicos y de crecimiento han sido particularmente castigados.
En renta fija, el índice MOVE ha escalado al ritmo del VIX, reflejando la preocupación por tipos de interés, inflación y riesgo fiscal. Los rendimientos soberanos responden con brusquedad a cada novedad sobre aranceles, crecimiento o políticas monetarias.
El Michigan Consumer Sentiment Index descendió a mínimos no vistos en años, mientras las expectativas de inflación futura repuntaron hacia el 5 % en EE. UU. Este escenario alimenta la búsqueda de activos refugio y la aversión al riesgo.
La confianza empresarial también se ha resentido, sobre todo en sectores dependientes del comercio internacional. La prolongación de esta incertidumbre podría afectar la inversión productiva y, por ende, el empleo.
La inestabilidad de los mercados tiende a amplificar sesgos conductuales: el miedo a perder, las capitulaciones en mínimos y el FOMO en los rebotes suelen derivar en decisiones erráticas de market timing.
Sin embargo, muchos gestores han identificado que las caídas bruscas han creado oportunidades de compra de calidad en small caps y empresas sólidas, castigadas en exceso respecto a sus fundamentales.
Adoptar estas prácticas permite mantener la calma en entornos extremos y suavizar la volatilidad de la cartera a lo largo del tiempo.
Horizonte y disciplina a largo plazo son la clave para no sucumbir a decisiones impulsivas durante los pánicos. Revisa tus objetivos y asegúrate de que tu tolerancia al riesgo coincide con tu plan.
La selección de activos robustos —empresas con balances saneados, flujos de caja previsibles y capacidad de fijación de precios— junto con fondos o ETF diversificados, ayuda a protegerse de sobresaltos.
La volatilidad es inherente al mercado y, lejos de ser un obstáculo, puede convertirse en una fuente de oportunidades. Con preparación, disciplina y una mentalidad centrada en el largo plazo, cada inversor puede navegar este mar turbulento.
Recuerda que tras cada caída drástica puede esconderse una oportunidad de compra de calidad. Mantén la perseverancia, ajusta tus estrategias y confía en que la constancia es el camino hacia el éxito financiero.
Referencias