En un entorno financiero cada vez más complejo, comprender la naturaleza de cada tipo de riesgo se vuelve esencial para cualquier inversor o gestor de cartera. Este artículo ofrece una guía detallada para diferenciar y gestionar el riesgo sistemático y el riesgo no sistemático, así como para aclarar las confusiones con el riesgo sistémico.
La volatilidad es una medida de la variabilidad en los precios de los activos financieros. Todos los inversores enfrentan dos categorías de riesgo: el riesgo solucionable con diversificación y el riesgo que persiste a nivel de mercado.
Entender estas distinciones permite diseñar estrategias más robustas, optimizar la rentabilidad y proteger el capital frente a imprevistos.
El riesgo sistemático, también llamado riesgo de mercado o no diversificable, engloba factores macroeconómicos y globales que afectan a todos los activos simultáneamente. No es posible eliminarlo completamente, aunque sí mitigar su impacto.
Entre sus características más relevantes destacan:
Ejemplos frecuentes incluyen recesiones económicas, cambios en la política monetaria, crisis geopolíticas y fluctuaciones de tipos de interés e inflación.
El riesgo no sistemático, o riesgo diversificable de empresa, proviene de circunstancias específicas de un negocio o sector. Se trata de eventos propios de una compañía que no necesariamente repercuten en el mercado en general.
Se distingue por:
Por ejemplo, la mala gestión directiva, un escándalo de fraude interno o resultados de ventas por debajo de lo esperado son tipos de riesgos no sistemáticos.
A continuación, se presenta una tabla que resume las diferencias clave entre ambos riesgos:
Es común confundir riesgo sistemático con riesgo sistémico. El riesgo sistémico se define como la probabilidad de colapso de un sistema financiero debido al contagio entre sus entidades. A diferencia del sistemático, el sistémico requiere interdependencias muy estrechas y puede generar efectos en cadena.
Las principales diferencias son:
Comprender los orígenes de estos riesgos ayuda a implementar controles y estrategias de cobertura eficaces.
Factores de riesgo sistemático más comunes:
Factores de riesgo no sistemático:
Malos resultados de ventas, escándalos internos, cambios regulatorios sectoriales y competidores con ofertas disruptivas.
La diversificación es la piedra angular para reducir el riesgo propio de cada compañía. Al combinar activos de distintas industrias y geografías, los inversores pueden diluir por completo el riesgo no sistemático.
Algunos consejos prácticos:
Para cuantificar el riesgo total de un activo, se utiliza la fórmula:
Riesgo total = Riesgo sistemático + Riesgo no sistemático
Algunas herramientas incluyen el análisis de varianza, el modelo de valoración de activos financieros (CAPM) y simulaciones de estrés para escenarios extremos.
La rentabilidad esperada de un activo está estrechamente ligada a su perfil de riesgo. El riesgo sistemático determina la prima por riesgo de mercado, mientras que el riesgo no sistemático afecta a la valoración específica de una empresa.
Al evaluar oportunidades de inversión, considera siempre:
Dominar la distinción entre riesgo sistemático, no sistemático y sistémico es fundamental para crear carteras resilientes, capaces de soportar la volatilidad y aprovechar las oportunidades que surjan incluso en entornos adversos. Con este conocimiento, cualquier inversor estará mejor equipado para tomar decisiones informadas y proteger su patrimonio.
Referencias